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EL APEROL SPRITZ Y EL VERANO

Dicen que el espacio exterior es un lugar semivacio y que toda la densidad y la jarana del universo se concentra en unos escasos puntos perdidos. También la vida a veces parece que se condensa y alcanza consistencia en torno a algunos momentos mágicos mientras que otros se suceden blandamente sin pena ni gloria.

El verano en el que ahora nos adentramos —un verano extraño pero verano a la postre—, siempre ha gozado fama de concentrar muchos de esos momentos de alto voltaje emocional y los olores, los objetos y los sabores también parecen confabularse para participar de la erupción de voluptuosidad estival, como ese melocotón que al morderlo parece que se le hubiera metido el verano entero dentro. El efluvio del salitre en la brisa o el olor a tierra mojada al atardecer también parecen empeñarse siempre en transportarnos a aquellos miltonianos paraísos perdidos cuando la vida era alegre y buena sin interrupción.

Tengo que reconocer que mi particular magdalena proustiana es una tintineante copa de Aperol Spritz con sus tonos naranjas siderales compitiendo a brazo partido con los del atardecer cuando este se empaña en ponerse cursi y relamido como una postal.

¿Qué tiene este cóctel que aúna tanta verdad? Digamos que no por ser tan veraniego o refrescante como la sangría o el tinto de verano deja el Spritz de ser cosa seria como lo es el aperitivo italiano del que es el perfecto maridaje. Nada tiene que ver con esa coctelería de origen americano de la que Julio Camba proclamaba que más que seducir el paladar lo que hacía era cauterizarlo con licores helados y contradictorios. Pura pirotecnia.

En el Spritz todo mezcla endiabladamente para ofrecernos un mix cabal y sin fisuras. Es burbujeante y sobrio como el prosecco, tiene alma traviesa de sifón, ese zascandil que siempre sabe a fiesta y alegría, y no le falta ese poso de amargor sin el que nada es verdad del todo.

Es un cóctel muy italiano pero también un buen ejemplo de que en Europa todo se alcanza después de alguna solución de compromiso en la que las objeciones foráneas al gusto o al carácter de cada país transforman el producto local y pueden ser la chispa que alumbre invenciones que luego cada país reclama como propias y fruto de su genio; el nombre de Spritz se lo debemos a los soldados austriacos desplegados en las regiones norte de Italia a finales del siglo IXX. Resulta que esa panda de lansquenetes encontraba extraño el sabor del vino local y empezaron a diluirlo con un spritz —“chorrito”— de agua mineral, luego en los efervescentes años 20 se incorporó el gas y mutatis mutandis la base pasó de confeccionarse con vino a hacerse con Aperol u otros licores de hierbas. Cuando bastante más tarde se incorporó el spumante el cóctel tomó cuerpo.

Italiano y cosmopolita a un tiempo el Spritz siempre invita al buen rollo y a compartir, posee un espíritu contagioso como la tumultuosa alegria que respira Italia en sus calles y aunque nos haya tocado vivir tiempos difíciles, a mí, como cantaba Sabina, que el fin del mundo me pille bailando, aunque sea guardando las distancias de seguridad, y si es posible con una copa de Spritz en la mano.

En la Salutteria lo servimos muy frío, en la copa el Spritz y en la mesa para acompañar, además de una tapa de la casa, puedes pedir una tabla de nuestros quesos escogidos donde además de las variedades italianas le puedes hincar el diente a un Pata de Mulo o a un Payoyo, gloria y prez de Cádiz. Otro perfecto acompañante sería una de nuestras tablas de chacinería italiana donde nunca falta ni la untosa porchetta ni el aroma trufado de la mortadela de Bolonia ni el pastrami ni el roast beef.

Si quieres hacerlo en casa te contamos cómo:

1. Hazte con un buen hielo “gasolinero” de cubos grandes, de esos que al verter sobre ellos el líquido elemento exhalan un crujido tan lastimero que mueve a piedad al más desalmado de los hombres. Esa escarcha que emiten tantos dispensadores automáticos arruinaría por completo nuestro copa.

2. Combina el Aperol y el prosecco en partes iguales y no tengas miedo de ensayar otras variantes, puedes probar a sustituir el prosecco por un cava que sea de tu agrado o por un petillent natural fresco y afrutado. También puedes probar a sustituir el Aperol por un Cappelleti o un vermú, aunque eso sí, estarás aumentando un poco la graduación alcoholica del trago.

3. Añade un “spritz” de tónica, soda o agua de seltz si te gusta con un carbónico más natural y… ¡Voilà, a disfrutar!

Il MAIALINO GHIOTTONE.